Acerca del viaje de la poesía mexicana
Enrique Servín fue un pensador mexicano, poeta y estudioso. Él presentó su ponencia en el Kritya Festival de poesía 2017 en la que habló sobre la importancia de la creatividad y su impacto en la sociedad. Al pertenecer a México, su pensamiento es muy importante para poder entender la relevancia de la poesía en el desarrollo de otros países.
Él dijo: “La poesía es la única manifestación de la creatividad humana que puede ser compuesta, expresada, mantenida, transmitida y difundida sin ningún tipo de soporte material y la única que escapa a la indigente realeza del comercio y la especulación, la acumulación del dinero y la codicia. Intensa, sublime, profunda, multi significativa, evanescente, la más resiliente manifestación y perdurable de todas las creaciones humanas. La poesía sobrevive fortalezas, armadas, templos, culturas, ideologías e imperios. No creo necesario insistir sobre esto: la religión de los romanos, los pródigos palacios que ellos construyeron y el basto imperio que aterrorizó y controló el mundo Mediterráneo durante siglos desapareció dejando tras de sí, nada salvo piedras dispersas y nada más. Pero, por otro lado, las églogas de Virgilio, Lucrecio, poemas monumentales y canciones de amor de Cátulo se mantienen intactas, llenas de significado y tan frescas para haber llegado a nosotros después de los últimos dos mil años.”
Comenta que, aunque ciertamente los lectores de poesía han sido siempre unos pocos, esos pocos han sido los más sensibles, críticos y lúcidos dentro de nuestras sociedades.
Continuó diciendo, “…Hace muchos años, cuando yo tenía como seis años, mi abuela recitó para mí el poema “Los motivos del lobo” del gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Es un poema narrativo escrito en un español inusual de una combinación de metros, en el que Darío narra la historia de San Francisco de Asís, domando un lobo de Gubbio e invitándolo a convivir pacíficamente entre los humanos, sólo para darse cuenta, después de unos meses, que el lobo había vuelto al campo, retomando su fiereza salvaje, propia de su hábitat. En el poema, San Francisco de Asís busca nuevamente al lobo para convencerlo de que regrese a vivir a con los humanos como lo hacían los perros domesticados. El lobo le dio una respuesta que lo convenció (al igual que a nosotros) de que los humanos, según lo que él mismo había atestiguado, no eran mejor que los lobos y que él había preferido volver a la terrible y agreste naturaleza a regresar al mundo feroz de los hombres.
“…empecé a ver que en todas las casas
estaban la envidia, la saña, la ira
y en todos los rostros ardían las brasas
del odio…”
Esto viene a mi mente ahora porque significa que la primera muestra de poesía que escuché estaba cargada de un gran contenido ético. Además, la poesía no sólo cifra en su contenido creatividad y belleza; también codifica valores, ideales y visiones. Puede ser usada (y ha sido usada) como un medio de difusión, y puede ser un arma poderosa en contra de las equivocaciones, de la pulsión de muerte, al que solemos llamar el mal. Así ahora me gustaría dar testimonio de otro proceso en el que los poderes de sanación de la poesía se hacen evidentes.
México, como muchos otros países, es el resultado de una guerra colonial en la que terminaron siendo dominadas las culturas indígenas y se creó una élite, en nuestro caso, profundamente enraizada a los conceptos y valores europeos. Es interesante notar que -en el primer encuentro entre los aztecas y los españoles- la reacción de Europa fue de sorpresa, temor, y gran admiración. Pero tan pronto los habitantes de México fueron militarmente abatidos, un rápido proceso de demonización de todos los aspectos indígenas (incluyendo, por supuesto, a las lenguas indígenas) ocioso e innecesario decir, que esto perduró por los últimos siglos. Los idiomas se convirtieron en dialectos, los sacerdotes en hechiceros y los dioses en demonios.
Como resultado de esta guerra ideológica, los indígenas fueron tratados como sub humanos y todos sus rasgos culturales fueron considerados como inferiores, casi siempre asociados con conceptos negativos o como anti valores: fealdad, violencia, flojera, estupidez. Aunque el sistema de castas que los españoles trataron de construir colapsó finalmente en el siglo diecisiete, México se ha convertido en una sociedad racista, y los nativos fueron considerados como nada menos que una carga para el progreso y la modernidad del país. Pero dos fenómenos sociales y culturales vinieron a cambiar esto: el primero de ellos fue La Revolución Mexicana, la cual poco después de su estallido reivindicó ideológicamente el pasado indígena (habiendo producido artistas y pensadores como Frida kahlo y Diego Rivera), y el otro fue la consolidación del movimiento poético indígena, iniciado durante la década de los setentas (y en crecimiento al día de hoy). Si bien este primer movimiento, basado en la literatura de un puñado de intelectuales indígenas, parece frágil y más aún poco viable, pronto a partir de la década de los ochentas fue evidente que los escritores en Maya, Zapoteco, y Azteca (llamado también náhuatl) se han convertido en uno de los acontecimientos más interesantes en siglos.
Pero, como algo interesante, al pasar de las décadas que siguieron, ha habido una inesperada reacción por parte del gran público. Sorpresivamente, los dialectos se convirtieron en idiomas, capaces de expresar los más profundos sentimientos e ideas; detrás de las pequeñas comunidades indígenas de las sierras, las gentes de la actualidad y las más antiguas resistieron la confusión de la Historia y, poco a poco, las canciones y los poemas creados por los más pobres de los mexicanos revelaron el rostro más tierno de todo un país. Siguieron antologías, fueron creados nuevos festivales poéticos, importantes premios fueron establecidos y los ganadores se convirtieron en figuras públicas. El tema de la cultura indígena dejó de pertenecer sólo a los especialistas para convertirse en una preocupación nacional. Cuando, en 1990, el grupo indígena de los Zapatistas creó una rebelión que explotó en los medios de comunicación, el apoyo nacional ofrecido por la clase media y los estudiantes fue masivo. Y la poesía se volvió una influencia visible en ese proceso.
Hoy en día casi todas las lenguas en el país pueden presumir de un movimiento poético local. Aunque en remotos lugares como los son las sierras o los cañones del estado de Chihuahua, el estado en el que vivo, la Tarahumara, siendo una de las más aisladas y con una sociedad de lo más conservadora de México, ha añadido una importante contribución, como puede probarse mediante poemas como el siguiente, escrito por el poeta Tarahumara Martín Makáwi.
“El espíritu“
Cuando voy hacia el pueblo
el polvo es tan sólo polvo
el agua es tan sólo agua
y el viento es tan sólo viento.
Pero cuando danzo en piso de tierra
y levanto el polvo
entonces el polvo es la carne
de mis antepasados;
y el agua cristalina que corre
es la sangre del mundo;
y el viento es el espíritu de mi raza.
Enrique Servín finalizó su lectura recordando una estrofa más de Rubén Darío, quien comprendió la mágica y basta inmensidad de las posibilidades que nos da la palabra. Su poema comienza diciendo que, frente a las terribles realidades del mundo, la Poesía se nos revela como la raíz y la meta, finalizando con esta serena conclusión:
“Supiste que el mundo, los odios, la mentira
los recelos, las crueles incidias, los espantos
se esfuman ante el alma celeste de la lira
que puebla el universo de estrellas y de cantos”