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Poesía para Enrique

El agua y la sombra

Arturo Loera

Busco y no encuentro
el agua y la sombra, hago memoria
pero sólo encuentro aceite y sol.
Este mal chiste tendría más gracia
si tan sólo estuvieras aquí para escucharlo,
para escucharnos.

Busco el agua y la sombra,
maldigo algunos nombres aleatorios,
a qué librero estará dando vida,
porque eso es el agua y vive de la sed,
porque eso es la sombra y vive del sol.

Pensando esto imagino a Enrique sentado
a la sombra de un árbol
bebiendo un poco de agua,
así de rápido viaja la memoria
y sus falsedades, aunque hay algo
que nunca fue falso
y eso fue ese hombre bajo la sombra.

Ahora pienso que si la humildad fuera una flor
no habría jardines, pero habría un hombre,
un jardinero con un loto saliendo de su cabeza.
Aquí te dejo este loto, escribió Enrique
en el primer poema del agua y la sombra
y yo lo busco y no lo encuentro y sin embargo
un loto crece en mi corazón.

Busco el agua y la sombra para cuidar este loto
aunque el desierto sabe de olvidos, escribiste.
Asustarse por un muerto, a estas alturas, es una niñería, escribiste.
No se puede dialogar con el huracán, escribiste,
pero no dijiste nada de su ojo y ahí te imagino ahora
en el ojo de la paz mientras todo se derrumba y vuela.
Miren, miren todos, en el ojo del huracán hay un hombre
con un loto floreciendo en su cabeza.

Ahora imagino que descansas, como Adriano,
en la isla de Aquiles y tu memoria, ese loto
que dejaste en la mano de todos,
ahora reposa y tiene sitio en nuestro pecho.

Si la humildad fuera una flor no habría jardines, he dicho ya,
sólo un jardinero con un loto en la cabeza despidiéndose
mientras se hace uno con la arena.