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Poesía para Enrique · 2021

Gansos Salvajes

Edgar Trevizo

El año empezó
con la muerte de Mary Oliver.
Un día antes se había ido Sam.
Luego sucedieron otras cosas no tan
dignas de recuento.

La primavera y el verano pasaron
desapercibidas, ocultas tras la niebla de la prisa.
Vi, con envidia, el sueño de los jardineros
bajo los nogales, algunas ardillas, árboles.

Un día me detuve también a mirar los pericos.
Ya estabas tú ahí a la mitad del jardín,
mirándolos primero: absorto,
masticando alguna cosa, como siempre.
Me explicaste cómo formaban sus nidos
en grupos y te admiraste de su verdísima belleza.
Un día después te fuiste tú.

Yo me quedé en ese jardín.
Ahí escuché el parloteo por largo tiempo
ahora transformado en luz verde,
clara y amplísima.

No era necesario ser bueno:
necesario era dejar que el dulce animal que era
tu cuerpo amara lo que amaba,
dejarlo encontrar su sitio en la familia de las cosas.
Como cuando te sentabas a la sombra
en los días de verano y te rodeábamos
y te reías, nos cantabas un poema
y eras el poema.

Este poema aparece en el poemario “La vida espiritual de las hormigas”, editado por Medusa Editores en noviembre de 2021.