Nuestra historia con Enrique Servin


Hola, yo soy su hijita del alma y su reina de oro, como muchos ya me conocen; así me llamaba él.. pero me llamo Kenia, y en homenaje a él les quiero contar una historia, nuestra historia cuando la vida nos mandó un ángel, que fue nuestro otro papá…
Hace 20 años aproximadamente nos cayó un ángel a nuestras vidas; único, maravilloso, divertido, auténtico, amoroso, noble, humilde y bueno si me pongo a decir todas sus cualidades no termino… Entonces a partir de ahí la vida ya no fue vida, fue más que eso. Porque, ¿quien tiene otro papá? ¿Que sea como un papá también para mis papás? Y creo que para todos era más o menos igual… Me atrevo a decir que gran parte de nuestra infancia fue maravillosa gracias a él, con sus historias, su experiencia, ¡su sabiduría de todo!
Y sus juegos locos… Él siempre trataba de hacernos felices todos los días. Recuerdo que nos llevaba juguetitos pequeños casi a diario, a mi las Polly pocket y a mi hermano carritos Hot wheels, y él sólo esperaba a cambio nuestro amor para él. Ah, y el grito mexicano de mi hermano, y mi hermano era muy espléndido con él que como a mi hermano le encantaban los tomates, siempre iba al refrigerador, tomaba uno y se lo echaba en la bolsa del saco como de sorpresa. Pienso que en él de alguna manera quería agradecerle esos carritos y todo el amor que nos daba, y pues bueno fuimos creciendo y él sabia cómo tenernos ahí siempre con él; nos empezó a contar historias, una de ellas y que nunca terminó fue la de Las mil y una noches, y así como Zherezada con el rey siempre nos dejaba en duda cada noche.
Después nos empezó a dar clases de inglés, que hasta algunos de nuestros amiguitos les tocó. – véngase mi hijito o mi hijita a la clase de inglés -les decía a nuestros amiguitos- y ellos con cara de ¿qué? Pero iban….También recuerdo que cada Navidad fue especial, simplemente porque la pasábamos con él y su familia, que también quería que fuera la nuestra. Es que simplemente él nos regaló todo, y ¡todo es todo!
Y bueno ya un poco más grandes, en cada viaje que hacía cuando regresaba yo amaba que nos contara sus historias y culturas de otros lugares del mundo, recitaba historias en poemas de esas culturas y al terminar siempre decía – ¡Qué bonito! ¿verdad? De verdad que era algo que me llenaba.
Y bueno cambiando de tema… -como él acostumbraba también, que de un tema pasaba a otro totalmente diferente-.
El año pasado Dios, la vida y el universo me dieron la oportunidad de devolverle un poquito de todo lo que él ya me había regalado, entonces pude ver que lo hice realmente feliz, le dije que iba a ser abuelo y recuerdo que él a todo mundo se lo presumía. Más o menos por septiembre le llevé de sorpresa a su trabajo que iba a tener una nietecita con una cartita y un par de calcetines de bebé rosas… hubieran visto su cara…. Y pues en diciembre el 23 ahí estuvo en todo momento, recuerdo y creo que como todo papá estaba más nervioso él que yo, pero su mirada era como de emoción, mucho amor, no sé, algo inexplicable…
Cuando veía a Luna e iba le hacía cariños, siempre llegaba y decía –A ver quiero verla.. Está primorosa mi nietecita. Y en el último de sus días me dí cuenta que a mi bebé también se la ganó totalmente: ¡mi bebé a sus 9 meses tratando de hacer cosas para tenerlo fascinado! Le hacía ojitos, le pedía brazos, fue un momento de mucha dicha para mi… Y como última plática fue que mi esposo le preguntó que si qué pasaría si no existiera la luna (satélite de la Tierra), a lo que Enrique respondió: “La luna es lo mejor y más bonito que le pudo haber pasado a la Tierra, por que sin la luna no existiríamos ya. Es la que nos protege de los meteoritos, por eso parece un queso, porque tiene cráteres que es donde pegan los meteoritos“, y entonces yo le dije: ”Cada vez me convenzo más de haberle puesto Luna a mi hija”, a lo que contestó: ¡Y si! ¿verdad? ¡qué bonito!– y la miró y le hizo como cosquillas -muy diferentes por cierto- con su mano y diciendo guruguruguru, ¡Y Luna haciéndole ojitos!
Y así nos levantamos para irnos a mi casa porque estábamos en un parquecito e iba fascinado porque su nieta ya casi caminaba y por todo lo que hacía, dijo: ¡Qué curioso, cómo sabe todo tan chiquita! Entonces entró a mi casa y mi mamá le ofreció cena y dijo ”No Tere gracias, ya nomás le voy a robar un pedazo de queso“ Lo cortó, se despidió: ”Nos vemos mañana en el trabajo Tere, cuídese, y como siempre mi rey de oro cuidese mucho no haga confianzas de nada ni de nadie“, y a mi; “Mi reina también cuídeseme mucho, estamos en un mundo de locos, cuiden mucho a la niña”. ¿Quién los adora?” Y respondimos como siempre: “Usted”, entonces él… -”Claro que sí, con toda el alma”. Respondimos: “Y nosotros a usted”.
Después salió y escuché que afuera se despedía de mi bebé Luna, y sólo escuchaba a mi papá y a mi esposo: ”Dile adiós Luna” y alguna graciosada le a de haber hecho que él dijo: ¡Ay mi reina hermosa!
Y pues ahí acabó esta historia. La verdad me quedé con mucho que hacer con él, por él y para él; ¡Yo quería que mi hija también escuchara sus historias! Pero pues así es la vida, tan real y que duele ahora tanto, que al igual sé que él hubiera hecho todo por evitarnos este dolor. Y es que él nos enseñó tanto, pero también era él tan más despistado que se le olvidó lo más importante: a enseñarnos a vivir sin él.
¡Lo amamos papá Servín! Que Dios le tenga en sus manos, y que descanse en paz.
Con todo mi amor,
Su reina adorada.